martes, 4 de septiembre de 2007

Acerca de lo que nos molesta....




A mi no me [domina ni me] gusta el Reggaetón[1]

“…Que el canto tiene sentido cuando palpita en las venas del que morirá cantando las verdades verdaderas no las lisonjas fugaces ni las famas extranjeras sino el canto de una lonja hasta el fondo de la tierra. Ahí donde llega todo y donde todo comienza canto que ha sido valiente siempre será canción nueva...” Víctor Jara, Manifiesto


Para los estudios de la Escuela Crítica de Frankfurt, la Industria cultural responde a una de las claves de la sociedad moderna debido a qué, frente a la crisis de la familia tradicional como lugar de socialización de los sujetos –probablemente no es crisis sino la conformación de las relaciones de la familia moderna- crece [insosteniblemente] el rol de las practicas de asimilación indispensables para el hombre en el mundo moderno[2], dinamizadas con el surgimiento de la Industria antes nombrada, que se encarga de entregar pautas y normas a los individuos dentro del sistema y modelo de consumo capitalista, pautas acogidas por su subjetividad como las correctas. La esquematización -ver nota al pié de página- responde, según los autores, a un proceso psico-social encargado de construir determinada subjetividad para poder mediar con esta la vida, entregarle soporte a ella, al entendimiento del mundo; el hacer inteligible a través de esta [construida] conciencia que nos supone -en la sociedad burguesa- una ilusión de poder representarnos a nosotros con esta libertad [inexistente] que nos conduce, a duras penas, a la libertad de escoger productos y a la razón banal, que hoy más que nunca se refleja en los no límites del saber y la información que inundan todos los aspectos de la vida social. Que mejor mito burgués que el de habernos hecho [creer en] nacer todos libres y distintos, para, en el camino con la cultura, volvernos todos idénticos. Y aunque el Reggaetón en el Estado-Nación Puertorriqueño comenzó como una verdadera respuesta a la invasión cultural/desechable Norteamericana, ¿por qué en el camino se tornó lo mismo que un principio fue su [no] horizonte a [no] seguir? La universalización de la cultura a través de la industria comenzó a generar, bajo las lógicas mismas del modelo capitalista, el trato a la cultura como mercancía [más adelante profundizado] y una cultura que pueda ser leída en todos lados por igual, en el lenguaje más matemático[3] posible. Se apela a un público no a personas; una masa alienada que solamente recepciona en forma de clientes y consumidores. Entonces, vemos que la esquematización es un proceso que genera una honda dominación en lo más profundo del ser, en lo más íntimo, a través de la creación de necesidades de este sujeto que son totalmente triviales e inventadas: “...La industria cultural involucra la participación de millones de personas, esto impone el uso de técnicas de reproducción y esto deriva a que las mismas necesidades sean satisfechas con bienes estándares”; es decir, para todos por igual, infiero, Daddy Yankee no piensas [si lo hace] por cada individuo que compone su público al escribir una canción. Es el esquematismo el que “...Calcula y clasifica el tipo de mercancía según públicos y consumidores... Los sujetos cuentan con un esquema o dispositivo que les permite referir los datos de los sentidos sensoriales a los conceptos. Pero con la industria cultural este esquema de los sujetos es suplantado por el esquematismo de la producción de la industria cultural y por las agencias del negocio industrial y su intencionalidad... [Analogía entre] la idea Kantiana con la industria cultural. Pues en Kant los sujetos cuentan con una actividad subjetiva, psíquica en que la conciencia filtra la idea de realidad, en que la conciencia filtra los datos sensibles al mundo de la razón”: esta vez, impactada y moldeada por el capitalismo. Cabe mencionar que esta suerte de introducción no es casual y responde a lo que, a mi juicio, es adecuado para poder adentrarnos en la compleja esfera simbólica del placer y la chatarra en la mercancía, síndrome del modelo capitalista. Esta industria que monopoliza los modos de información principales del Estado a con las personas, actúa de manera inconsciente debido a que, es en el proceso mismo de la conformación del sujeto moderno -como tal- cuando actúan sus modos de hacer sujetos, generando de esta forma, sujetos que puedan sostener y a la vez producir/reproducir este orden hegemónico. Su función principal es mantener el control de las estructuras sociales, cultivando el conformismo y alienación de las clases trabajadoras -especialmente la joven- en la sociedad capitalista. La diversión dentro de esta industria cumple un rol protagónico: es la encargada de satisfacer el deseo y el placer de los consumidores a través de la banalización de la realidad. “...Así, su unidad reside en la unidad producida y no en el conflicto con esta...”. La mecanización que inspira el trabajo se ha fetichizado[4] a tal punto de que responde a las necesidades de felicidad [mecanizadas por lo tanto] abasteciendo al sujeto y su tiempo libre sediento de entretención de productos que reproducen esta misma automatización del sujeto: “...Lo que se imprime es la sucesión... de las acciones reguladas”. El placer está regulado de tal forma que se hace aburrido, porqué debe responder a la lógica de la rapidez, de lo inmediato: de lo desechable. De esta manera, el divertirse en esta sociedad es dominarse, es dejarse dominar por la ideología burguesa, es dejar pensionar nuestra subjetividad a los estímulos de esta sociedad: “Los consumidores de la industria cultural buscan escapar al aburrimiento, pero ni quieren ni son capaces de invertir el esfuerzo y la seriedad que serían necesarias para realizar nuevas experiencias que les interesasen más que de manera sólo fugaz. Todo cuanto se resiste contra lo fácil, superficial y conformista tiende a ser neutralizado”. Pero no todo lo que promete la industria es cumplido. El cliente se ve expuesto a un constante defraude por parte de lo que se ofreció como diversión/placer, porqué todo lo que se ofreció, termina. Tal como prescinde de él, acaba el show, “... el huésped debe contentarse con el menú”. De esta manera lo que el sujeto busca y lo que ha provocado la estrechez de mente[5] que suscito la ideología en él a través del impacto musical del Reggaetón, es “una industria que no sublima, sino reprime y sofoca”; es la de reducir todo comportamiento y búsqueda de transformación a la misma expresión trivial: hasta lo genital y hasta lo erótico. Esta producción exige su represión: el sujeto no puede -en su vida pública- establecer los vínculos que en la industria cultural, la vida privada le concede a con el sexo, la masturbación, la excitación y la pornografía; es más, lo esconde; pero con el Reggaetón tiene estas oportunidades, el hacerse como tal, el sentir que es una persona –como la del vídeo clip- que no esconde nada en esos minutos de fugaz baile, de perreo; dónde, una vez más, las prácticas de dominación-poder desigual hombre/mujer se reproducen. Tal como el trauma primero y la primera identificación suplida por la metáfora paterna -como una suerte de analogía- podríamos colocar que en esta sociedad todo gira en torno al coito – parece importante señalar que es precisamente esta acción en lo concreto la que da posibilidades de cambios generacionales y reproducción a nuestra especie - precisamente porque, éste, como lo idealiza el sujeto[6], jamás se va a cumplir y es perseguido de manera perpetua y sin sentido, solo una ferocidad que es avalada por el modelo como el comportamiento del individuo, el buen comportamiento del ciudadano –asexuado en su vida pública-. A la maquinaria industrial que media entre la producción y el consumo cultural le aplicaron el concepto de industria cultural; así y de esta manera, las discografías, las editoriales, las productoras cinematográficas, etc. avalan y a la vez crean ciertos mecanismos de control y [auto] disciplinamiento, enarbolados, principalmente en los cánones y necesidades que, dialécticamente satisface: “...La industria se adapta a los deseos por ella misma creados”. Estos nuevos monopolios encargados de transmitir los valores y la cultura burguesa se facultaron de este modo, el mantener cualquier otro método de construcción de la realidad en lo incorrecto, por ende, en lo salvaje y en lo no moderno; es la única opción que entrego el halo etnocéntrico que nos inunda a todos, el conformismo y vanidad rebaso al sujeto. Así se crean expresiones totalmente sustituibles por otras. Todo es reemplazable, volviendo al Reggaetón, trivial; configuran así, mentalidades infantiles en los oyentes que solo buscan el autoplacer de la manera más rápida y por ende, simple y [sobre] hedónica. El sujeto que promueve esta industria es pasivo y fácil de manipular y controlar; debido a qué, los dominios de la razón burguesa ahora se han hecho –lamentablemente- con el inconsciente, que desde la supuesta particularidad del individuo, responde con universalidad, recíprocamente. Así se legitima a diario el Capitalismo. Así se legitiman a diario las lógicas de su mercancía.
Mediante el goce banal se le niega al hombre la capacidad de un conocimiento real de su condición de existencia; así esta se erige como la industria más poderosa, capaz de conformar y crear [in]conciencia: “...Hay una tregua ideológica: el conformismo de los consumidores y la insolencia de la producción que aquéllos mantienen con vida”. El capitalismo de este modo nos ha introducido en un mundo de falsas necesidades, estrechamente ligadas con esta misma industria. La libertad se restringe a elegir entre distintas marcas [de lo mismo] ó entre partidos políticos oficialistas casi idénticos; pero no hay espacio dentro de este modelo para la denuncia sistemática de una sociedad injusta o teorías emancipatorias: las formas políticas alternativas están realmente reprimidas con el riesgo de ser aniquiladas por la dominación a través de la postergación de estas fuerzas y, como es obvio, de la exclusión. Así, estos sujetos se desenvuelven en dos [estrechas] esferas de su vida: el placer y el auto placer, que revocan la llamada urgente de la impuesta necesidad de poder hacer lo que ellos quieren, persiguiendo este fin que no altera los cimientos de quienes le entregaron aquella determinado propósito su vida. “Los sujetos son obligados [y exigidos] a afluir a los centros para el trabajo y la diversión: para el trabajo como productores [y reproductores], para la diversión como consumidores” -es así que podemos barajar como una idea fundante de este orden burgués- la completa enajenación que sufre el trabajador de sus capacidades subjetivas, que y debido a esta imposición de corte implícito, pretende vivir en una realidad de libertad que, embestida de ideología, lo domina incluso dentro de su individualidad: “...Bajo el monopolio de la cultura la tiranía deja el cuerpo y va directo al alma... Quien no se adapta queda en la impotencia económica y es desolado”. Este individuo sometido y saturado de necesidades, encuentra una cultura concebida como una mercancía, como una cultura que es propiamente un producto, que está seccionado según la gente que pueda poseerla y adquirirla: así se exige a esta industria una cultura de los dominados y otra de los dominantes. “...[la cultura] Se halla hasta tal punto sujeta a la ley del intercambio que ya ni siquiera es intercambiada; se resuelve tan ciegamente en el uso que no es posible utilizarla”, en este sentido, es una cultura de masas, manipulada, falsa y sin refinamientos que se opone a la verdad en la que hay efectos apaciguadores, represores y entontecedores. La industria de la cultura es considerada como un conjunto preempaquetado de ideas producidas en masa y divulgadas a ellas por los medios masivos de comunicación, la cultura de masas es un simple instrumento de la ideología capitalista para someter/alienar/dominar. Esta cultura se respalda en una publicidad engorrosa que posee un cierto lenguaje que induce a reproducir estos modelos de comportamientos, estos modelos sesgados por lo prescindible y bastante poco humanos: es una cultura que produce mentes estrechas, mentes desechables y modas pasajeras que nos vinculan y refieren a una constante identificación con el resto [con los otros] desde la perspectiva de poder diferenciarnos de todos los demás; pero ya es muy tarde, cualquier intento a escapar a estos cánones culturales será reprimido [con una importante violencia simbólica] con la única manera de poder escapar a esta conformación de dominación/sometimiento/saturación del sujeto por medio de dejar de ser sujetos, escapando del dominio mismo de lo que nos entrego la manera de concebir esto[7]. Lo que sucedía al proletariado en la época del capitalismo liberal, a causa del ejército de cesantes, llega a afectar a las grandes mayorías. Para los individuos que las componen es necesario "tener suerte" de cara al ascenso social o una vida privada maravillosa y digna de envidia como la muestran los medios de comunicación/comerciales/vídeo-clips y la muestran a diario. Innumerables concursos de todo tipo se encargan de repartir la "suerte" del dinero, la amistad, las relaciones amorosas o la aventura, sin dejar de hacer patente de modo continuo su extrema cercanía con la "mala suerte", con el poder quedar excluido de esos supuestos bienes por dicha "mala suerte". Siendo espectadores de estos concursos se nos muestra que ser espectador y soñar despiertos es lo mejor que podemos esperar para nosotros, la inmensa mayoría postergada. La reflexión de Horkheimer y Adorno llega hasta ahí. Hay otra pista que se apunta sólo de paso, la de que el "encanallamiento" actual del arte esté ligado no sólo al efecto del mercado, sino al precio que pagaría el arte burgués por aquella pureza que lo mantuvo alejado, excluido de la clase inferior. Y de ahí nuestra perplejidad: qué sentido tiene todo lo afirmado acerca de la lógica de la mercancía, qué sentido tiene criticar la industria cultural si "lo que parece decadencia de la cultura es su puro llegar a sí misma". Y de un texto a otro la desazón aumenta, pues la significación de la cultura es remitida indistintamente a la historia- a la "neutralización lograda gracias a la emancipación de los procesos vitales con la ascensión de la burguesía" -y a la fenomenología hegeliana de "la frustración impuesta por la civilización a sus víctimas". De manera que la denuncia de la sujeción de la cultura [8]al poder y la pérdida de su impulso polémico se "resuelven" en la imposible reconciliación del espíritu exilado consigo mismo. ¿No estará hablando de eso Adorno cuando nos habla de la imposible reconciliación del Arte con la Sociedad? De la Dialéctica de la Ilustración a la Teoría estética, obra póstuma, la fidelidad a los presupuestos es completa aunque los temas cambien. Si en el primer texto se oponía el arte "menor" o ligero al arte serio en nombre de la verdad, esa oposición "desciende”, y se acerca a nuestra problemática central a través del problema del goce. "Hay que demoler el concepto de goce artístico", proclama Adorno pues tal y como lo entiende la conciencia común -la cultura popular diríamos nosotros- el goce es sólo un extravío, una fuente de confusión: el que goza con la experiencia es sólo el hombre trivial. "La espiritualización de las obras de arte ha aguijoneado el rencor de los excluidos de la cultura y ha iniciado el género de arte para consumistas". La ceremonia de la confusión no puede ser más completa: ¿Y si en el origen de la industria cultural más que la lógica de la mercancía, lo que estuviera en verdad fuera la reacción frustrada de las masas ante un arte reservado a las minorías? No lo sabemos en realidad, pero de qué daña los movimientos con los cuales soñó en emancipación Salvador Allende, Luis Emilio Recabarren, Víctor Jara, Violeta Para y Gladys Marín lo hace y severamente. O lo que está seguro, ellos no lo hubieran hecho... ellos no hubieran perreado.



[1] Se precisa a través de este título el halo horkheimeriano del entretenerse, homologándolo en la sociedad burguesa a dejarse dominar. Texto perteneciente a J. Muñoz, miembro de Antiyal. Texto basado en La industria Cultural, Horkheimer, M y Adorno, T, Dialéctica de la ilustración (1944).
[2] Cabe dejar en claro que el comportamiento dentro del campo social normado no se entrega con el discernimiento del hombre mismo, sino, más bien, busca moldear a un sujeto capaz de reproducir las lógicas que se le entregan en la conformación misma del sujeto, en su conformación en lo social: proceso conocido como esquematización.
[3] En este sentido me refiero a la posibilidad que le otorgó el proyecto emancipador Decimonónico a las matemáticas, que, al ser el lenguaje más simple, se tornó el común denominador para todos los saberes y conocimientos útiles, despojando de esta manera a las Cs. Sociales y/o Humanas al rincón de la Filosofía.
[4] Al igual que en la igualdad liberal, este concepto Marxista proveniente del portugués fetiço explica el proceso de independización metafísica de lo producido por el propio hombre, alienándolo en su construcción propia de la historia, emancipándolo de esta creación.
[5] Esta estrechez de mente es la subjetividad enajenadota/alienadora de la cual somos víctimas en la modernidad.
[6] Este “idealiza el sujeto”, responde tácitamente a que en realidad los medios profesan una determinada forma de sexo, que en la vida concreta del que recibe esta información, no será jamás posible. La industria se crea/reproduce en la instancia de “no dar al consumidor jamás la sensación de que sea posible oponer resistencia”.
[7] Esta idea la extrajimos [quizá de forma enfocada al tema] de un texto de Butler,J., en el cual nos habla acerca de la interpelación de Althusser y de la sobredeterminancia del sujeto a con la sociedad. Butler,J: “La conciencia nos hace a todos sujetos, la sujeción en Althusser”.
[8] Idem.

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